Asuntos Mayores: El camino hacia un envejecimiento saludable

Pablo Santos Marcos, trabajador social, gerontólogo y director de la Residencia de Mayores Santísima Trinidad nos da algunas pautas para envejecer de forma positiva

 

El envejecimiento es un proceso que afecta a todos los seres humanos y que además tiene un carácter universal (todas las personas envejecemos), heterogéneo (cada persona envejece de una forma distinta a otra) e involutivo (el ser humano va perdiendo capacidades a medida que envejece).

A pesar de las características que marcan el declive fisiológico y psicológico, este proceso universal no es sinónimo de enfermedad, aunque es cierto que algunas personas consideran que en esta etapa del ciclo vital se pasa de la plenitud física, mental y social a una fase en la que disminuyen algunas de sus capacidades. Esta idea lleva aparejada la existencia y utilización de algunos estereotipos con matices claramente peyorativos que empañan injustamente la imagen de la población mayor y suponen una amenaza para un envejecimiento saludable.

Las teorías del envejecimiento sobre este concepto hacen alusión a diversos tipos de envejecimiento. El envejecimiento normal hace referencia una forma de envejecer sin enfermedades crónicas (lo contrario del envejecimiento patológico). Por otra parte, el envejecimiento exitoso, que tiene lugar cuando las personas sienten satisfacción por poder adaptarse a las situaciones cambiantes de su vida. Esta dimensión conlleva sin duda alguna un componente subjetivo, tratándose además de un concepto dotado de cierta imprecisión, dado que definir el “éxito” va a depender de una situación personal concreta además de unas metas deseadas, incluso de circunstancias personales (fallecimientos, enfermedades, etc.). Si hablamos del envejecimiento saludable, las teorías gerontológicas tienen mucho que decir. La primera cuestión a tener en cuenta es que en muchas ocasiones se utilizan ambos términos (envejecimiento exitoso y envejecimiento saludable) como sinónimos. Sin embargo, el envejecimiento saludable es el proceso de mantener y mejorar la capacidad funcional de cada persona, lo que posibilita alcanzar el bienestar en la vejez y aunque es algo que hemos escuchado o leído en numerosas ocasiones, la mejor forma de alinearse con este tipo de envejecimiento es llevando a cabo hábitos de vida saludables.

Pero, ¿cuáles son esos hábitos? Los hábitos de vida saludables están al alcance de todos y se pueden comenzar a practicar en cualquier momento, si bien es cierto que cuanto antes, mejor.  La OMS lo tiene muy claro: seguir una dieta equilibrada, realizar actividad física con regularidad, evitar el sedentarismo, así como los hábitos tóxicos (tabaco y alcohol) o procurar el bienestar emocional es clave, ya que todo ello contribuye a reducir la aparición de enfermedades no transmisibles, mejorar la capacidad física y mental y retrasar la dependencia de los cuidados.

Independientemente de un tipo u otro de envejecimiento, los expertos en este campo están de acuerdo en que cada uno de nosotros somos agentes y gestores de nuestro propio proceso de envejecimiento, de modo que se sabe que las formas de envejecimiento no se desarrollan al azar. En ese sentido, mantienen que aproximadamente un 25% depende de factores genéticos y un 75% tiene que ver con factores conductuales y ambientales (Kirkwood, 2005).

Por tanto, llegados a este punto, es importante poner de relieve varios asuntos. El primero es que el envejecimiento es un proceso y además un logro de las sociedades avanzadas, sobre todo, si tenemos en cuenta que las proyecciones demográficas apuntan a que no sólo cada vez se vive más años, sino que esto hace con mayor calidad de vida.

El segundo punto guarda relación con las formas de envejecer. Si sabemos que nuestro organismo comienza su declive biológico, psicológico y funcional a partir de los 35-40 años de edad y que además, tres cuartas partes de este complejo proceso involutivo dependen de nuestros hábitos y conductas, así como de factores ambientales, no es tarde para sentar las bases de un envejecimiento exitoso y saludable.

Por todo ello, como especialista del ámbito gerontológico, tanto en el campo del envejecimiento normal como patológico, puedo afirmar contundentemente que en general los individuos no estamos preparados para envejecer. Y sobre este particular, se hace más que necesario recordar que no envejecemos cuando cumplimos la edad ansiada y jubilosa de los 65 años, si no mucho antes.

Llega un momento en la vida de las personas que casi sin darse cuenta entran en la antesala del envejecimiento, donde les esperan una serie de complejos cambios bioquímicos, fisiológicos, psicológicos y funcionales que merman en mayor o menor grado su capacidad para realizar las AVD (Actividades de la Vida Diaria). Pero además, estas modificaciones no se producen exclusivamente en las citadas dimensiones. El ser humano también se siente atenazado por otros cambios, aparentemente menos visibles, pero que limitan y condicionan la forma de pensar y por tanto de actuar. Las transformaciones psicológicas y emocionales que experimentamos forman parte del enfoque holístico (bio-psico-social) que debe de tener presente cualquier profesional que trabaje con personas mayores.

Se hace necesario, tanto desde el contexto académico como laboral, que especialistas en envejecimiento con distintos perfiles profesionales (médicos geriatras, psicólogos y trabajadores sociales especializados en Gerontología) diseñen e implementen programas de envejecimiento exitoso y saludable.

El éxito de las sociedades desarrolladas no pasa sólo porque las poblaciones sean más longevas, y por tanto vivan más años, sino porque las personas aprendan cómo se envejece: qué transformaciones van a sufrir en su organismo a medida que su ciclo vital avanza, qué tipo de preocupaciones experimentan cuando van envejeciendo, cómo realizar el tránsito de la vida laboral a la vida jubilar.

Se trata de dotar de estrategias y recursos a  las personas a medida que van envejeciendo para que su mayor valor no sea el cumplir los máximos años posibles, si no disfrutarlos saludablemente adelantándose a lo que puede venir. Es aquí donde radica el verdadero éxito de las sociedades desarrolladas.