Risas, algunos lloros, mucho cariño y la sensación del trabajo bien hecho es lo que se llevan  María Luisa González Plaza (Marisa) y María Antonia Martín Nieto (Toñi)  en estos 42 años de experiencia laboral en la Fundación Hospital General de la Santísima Trinidad

 

Marisa y Toñi siempre recordarán su etapa como auxiliares de enfermería en el Hospital con mucho cariño

 

 

Sus inicios y evolución

Tanto Toñi como Marisa empezaron a trabajar en esta Institución recién cumplida la mayoría de edad. Ambas comenzaron ayudando a las monjas en las diferentes salas de hospitalización. “Cuando llegamos al Hospital éramos un grupo muy pequeño de auxiliares, el resto eran monjas, que se llevaban divinamente, teníamos nuestras cosas, pero nada especialmente malo” contaba Marisa. "Sobre todo, nada que no se pudiera solucionar en el mismo día".  Corroboraba Toñi.

Tras varios años trabajando en las plantas de hospitalización, Marisa empezó a trabajar en la UVI, cuando la abrieron en 1986. En esos primeros años trabajando en la UVI siempre recordará el sentimiento de gran familia que existía entre todas las compañeras. “Aprendimos y trabajamos mucho, muy duro, pero con mucha ilusión”, afirmaban tanto Marisa como Toñi.

Además, Marisa  siempre estará eternamente agradecida a todas las compañeras, enfermeras, auxiliares y médicos de este servicio, quienes durante la enfermedad de su sobrina (también trabajadora del hospital) le mostraron mucho cariño, afecto y sobre todo respeto.”Durante toda la enfermedad de mi sobrina me he sentido muy querida, muy cuidada, pero sobre todo, muy respetada”.

Toñi hizo Cruz Roja y tras varios años trabajando en la Sala de Militares del Hospital con las monjas empezó a trabajar en las plantas de hospitalización donde estuvo varios años compartiendo vivencias y experiencia con las nuevas compañeras que se iban incorporando. “En aquella época el sistema de trabajo era muy diferente a cómo es ahora, teníamos que ayudar a las monjas en todas las tareas que nos pedían, un hecho que por un lado se traducía en una mayor carga de trabajo, pero por otro lado nos aportó mucho conocimiento y aprendizaje”. Tras la Milagrosa, Toñi empezó a trabajar en la UVI, servicio en el que ha estado hasta su jubilación.

 

Experiencia, vivencias y vocación

Tanto Marisa como Toñi coinciden en que de todos estos años se llevan las experiencias vividas tanto con los compañeros como con los pacientes.  “Los pacientes en UVI por ejemplo, al estar solos, aislados, sin familiares dependen mucho de ti. Somos las personas a las que ven cada día y con las que tratan continuamente”. Afirmaba Toñi. “El vínculo que creas con los pacientes es muy grande, por eso es muy necesario en esta profesión aprender a desconectar porque si te llevas los problemas del trabajo a casa, al final tu calidad de vida se resiente”. Un hecho que ambas han sabido hacer a la perfección.
Marisa siempre insistía en que los problemas de casa se quedaban en la escalera de la entrada principal y allí se quedaban los problemas del hospital cuando salía.

Cuando llevas tantos años trabajando, conoces a muchos compañeros que aportan nuevos conocimientos, y nuevas experiencias. Ambas coincidían en que ésta era una profesión muy vocacional y destacaban que habían tenido mucha suerte porque las nuevas compañeras con las que han ido trabajando, mucho más jóvenes que ellas, han mostrado la misma ilusión y vocación que tenían ellas. Y que así debía de ser.

Toñi recalcaba la importancia de la humanización de los cuidados. “Nunca podemos olvidar que nuestros pacientes acuden al hospital porque tienen algún problema de salud. Confían sus cuidados a todo el personal sanitario y por lo tanto, no podemos deshumanizar jamás estos cuidados”.

 

Cariño y agradecimiento

Toñi y Marisa afrontan esta nueva etapa de la jubilación con ilusión. A las dos les ha dado mucha pena terminar su etapa en la que han considerado y consideran como su segunda casa, pero saben que están y estarán siempre muy vinculadas a esta Fundación.

Toñi dice que cuando termine de cuidar a su madre se unirá a alguna ONG, o proyecto solidario humanitario, ya que lo que más va a echar de menos es el trato con el paciente y el sentimiento de haberle ayudado, gracias a una parte de su trabajo.

Marisa seguirá viniendo al hospital, ya que es miembro del Comité de Empresa de esta institución y sobre todo, porque deja aquí a muchas amigas con las que no quiere perder el contacto nunca.  "Los cafés, las cenas y los viajes es algo que seguiré haciendo aunque ya no trabaje aquí".

 

Tanto Marisa como Toñi agradecen de corazón a todos sus compañeros, a la Dirección y al Patronato de esta Fundación el trato y el afecto recibido durante estos años, así como las numerosas muestras de cariño que les han mostrado tanto los compañeros como los pacientes. 
Las dos quieren recalcar que se llevan mucho, pero que también dejan aquí su cariño para los que han sido como su familia durante todos estos años. 
Trabajar en este Hospital ha sido para ellas una experiencia que les hizo crecer tanto en el ámbito profesional como en el ámbito personal y es algo que no olvidan, ni olvidarán nunca.